jueves, 19 de noviembre de 2015

El proyecto de un suicidio incomprendido

En la determinación de la vida el propósito a seguir adelante es el proyecto, y como yo no tenía ningún proyecto lo único que hacía era pensar, pensar en las anomalías, en la libertad, en la esencia, en el sentido de pensar. Había llegado al punto de pensar ¿por qué pensaba? y si pensaba, ¿qué pensaba? ¿Qué pensaría en realidad?  Vivía con la virtud de la duda hacia la respuesta. Era de leer mucho niechsze; y ahí es cuando comencé a dudar de la historia, ¿Por qué debo creerle  a los antiguos? Esa era me filosofía de vida, estaba perdido. Llegue hasta ese punto de no creerle a nada, ni a mis propios pensamientos; y ahí, en la angustia de pensar me decidí por mi futuro.
Yo vivía en la estancia Don Serbel; no me gustaba la civilización, por algo era un pensador; había aprendido química en mis estudios secundarios y recordaba la extracción de químicos y diluido (solución, soluto) busque el veneno “mata yuyo” que utilizaba el jardinero y le extraje Glifosato; lo diluí en menos cantidad y lo volví letal. Se lo adherí a un gotero y camine por el campo donde me inspiraba a dialectar sobre las causas infamias y los derechos humanos; me senté a lo lejos, donde ya sentía la nada y el solo escuchar el susurro sosegado del viento nórdico; abrí el gotero e ingerí 3 gotas de Glifosato (quería una muerte sin sentirla, solo dormirme y no despertarme mas) me recosté y quede nadando en la fragancia oscura de la eternidad.

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